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¿Llegará la inteligencia artificial a tener sentimientos?

¿Llegará la inteligencia artificial a tener sentimientos?
21 noviembre, 2018 Azahara Fernández

En los últimos meses están apareciendo en los medios de comunicación diversas noticias de los progresos de la inteligencia artificial y en especial en lo relacionado con las materias artísticas: desde programas de IA que son capaces de componer bandas sonoras, hasta la creación de poemas o pintar un cuadro.  Todo ello es debido a los progresos realizados en la rama denominada creatividad computacional, que trata de recrear los procesos de creación artística de humanos en robots.

Lo más común cuando se comentan noticias de este tipo es pensar si sería posible que los robots llegasen algún día a experimentar emociones y sentimientos. En mi opinión, esto puede llegar a ser una posibilidad, ya que si analizamos con detenimiento los sentimientos no son más que procesos químicos.

Inteligencia artificial y la creación de sentimientos y emociones

Si estudiamos cómo surgen nuestros sentimientos, nos damos cuenta de que su origen se encuentra en el sistema límbico. Este sistema es una parte de nuestro cerebro, situado debajo de la corteza cerebral y que se compone de tálamo, hipotálamo, amígdala cerebral y el hipocampo. Realmente no es una región anatómicamente exacta, sino que sus redes neuronales se distribuyen por el cerebro y se mezclan con otra serie de estructuras y está implicada en la generación de emociones, en el aprendizaje y en la memoria.

Si analizamos el proceso de la generación de emociones de forma más básica, realmente en lo que consiste es en la comunicación entre las neuronas de este sistema límbico mediante neurotransmisores y neuromoduladores. Estas sustancias son moléculas que permiten que las neuronas se comuniquen en las uniones o sinapsis, pero también sirven para comunicar neuronas con diferentes tipos celulares, como las células musculares o las glandulares.

Estos neurotransmisores están agrupados en diferentes tipos en base a su composición química, por ejemplo: la dopamina, que provoca reacciones de placer, la serotonina, que inhibe situaciones de enfado y agresión o la noradrenalina, que nos mantiene alertas y preocupados.

Siendo al final nuestras emociones el resultado de procesos químicos y de comunicación entre neuronas, cuando seamos capaces de comprender a la perfección cómo funcionan estas zonas cerebrales, seremos también capaces de replicarlo en otros modelos. Por lo tanto, desde esta reflexión los robots sí que podrán llegar a tener sentimientos.

Y aquí es donde surgirá un nuevo debate acerca de la necesidad de poner unos límites o no al desarrollo tecnológico en inteligencia artificial, la creación de nuevas leyes de la robótica o los derechos de los robots. Parece ciencia ficción, pero si analizamos las películas de nuestra infancia y las comparamos con la situación actual podemos deducir que no andábamos tan desencaminados con lo que entonces se suponía que era el futuro.